Ésta, a su manera, es una de ellas.
Y es que tenía un buen tiempo sin leer tantas invocaciones a la satánica "industria cultural". A esa cancioncita sí que le subieron el volumen. Si fuera cierto que aquel sábado el panita Alí Primera se revolcó en su tumba, no menos puede decirse de Adorno y Horkheimer.
Desde hace una semana, más o menos, la "industria cultural" dejó de ser un concepto que sirve para explicar algo, y se convirtió en una consigna que no sirve para nada, salvo para realizar alguna acusación o condena moral. Alguno que otro, incluso, incurrió en el extremo - y al mismo tiempo en el ridículo - de sugerir que las circunstancias nos planteaban el terrible dilema: reguetón o revolución. Es decir: socialismo o barbarie; Patria, socialismo o muerte. Así de graves están las cosas con el reguetón.
Lo irónico del asunto es que los exponentes de esta izquierda conservadora, remolona, achantada e ignorante, a fuerza de estar abismalmente desvinculados de los gustos populares, han terminado identificando reguetón con lo que la "industria cultural" dicta que es el reguetón: dentro de la fulana industria, todo; fuera de ella, nada. ¿Y entonces? ¿Quiénes son los que terminan repitiéndole el coro a los dueños de la industria?
Pero vamos a dejarlo hasta ahí.
Hablando de reguetón y Puerto Rico, lo que aquí les traigo es un artículo escrito por el boricua Tego Calderón. Apareció publicado en el New York Post, en inglés, el 15 de febrero de 2007. Uno de mis artículos más recientes, Chavista is beautiful, perfectamente ha podido inspirarse en éste de Tego, intitulado Black pride (Orgullo negro).
La traducción corre por mi cuenta. Insisto: no doy para otra cosa que no sea traducción libre, pero lo importante es que el mensaje llegue.
Salud).
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Esta mañana escuchaba al locutor radial Luisito Vigeroux, hablando sobre un proyecto fílmico en el que estoy trabajando, en el cual la co-estrella es Mayra Santos Febres, y el tipo decía: "¿Ella? ¿Ella protagoniza?".
Cuestionando su belleza negra.
Recuerdo también que cuando Celia Cruz murió, una presentadora de noticias, creyéndose muy inteligente, dijo que Celia Cruz no era negra, sino cubana. Ella era bella a pesar de ser negra.
Como si hubiera algo malo con ser negro, como si las dos cosas no pudieran existir simultáneamente y ser una cosa majestuosa. Hay mucha estupidez e ignorancia en Puerto Rico y Latinoamérica cuando se trata de la negritud.
En Puerto Rico, "Malcolm X", la película de Spike Lee, fue proyectada en un solo cine y, a diferencia de todas las otras películas proyectadas aquí, no tenía subtítulos. Como si no quisieran que las masas aprendieran.
Pero no sólo aquí – en Puerto Rico – he experimentado el racismo. Cuando vivía en Miami, a menudo era tratado como un boricua de segunda clase. Sentía como que estaba en el medio – los muchachos latinos no me aceptaban y los afroamericanos estaban confundidos, porque yo era un muchacho negro que hablaba español. Después de un tiempo, llegué a sentirme más aceptado por los negros estadounidenses – como un hermano que por casualidad hablaba español – que por los otros muchachos latinos.
Como soy bien conocido, a veces me olvido del racismo en el mundo. Pero entonces viajo a lugares donde nadie conoce a Tego Calderón, y lo recuerdo.
Por ejemplo, cuando viajo en primera clase, la azafata me dirá: "Señor, esto es primera clase", y me pedirá el boleto. Me tomo mi tiempo, pongo mis maletas en el compartimiento superior, y cautelosamente les entrego mi boleto, sonriendo. Trato de que esto ya no me afecte, dejo que se preocupen ellos.
El asunto es que muchos puertorriqueños y latinos blancos no lo entienden. Son inmunes a las formas sutiles en que somos menospreciados, irrespetados. Tienen privilegios de blancos. Y he escuchado decir que estamos a la defensiva en cuanto a la raza.
"Esas cosas pasan y no es por el color, Tego, sino por tu apariencia, por cómo caminas, cómo te vistes, qué tarjeta de crédito tienes". Entonces, se pasan un par de días conmigo, se ponen en mis zapatos, y me dicen: "Maldición negro, tienes razón".
Cuando me registro en hoteles y uso mi American Express, llaman a la compañía de tarjetas de crédito delante de mí, diciéndome que la máquina está dañada. Esto sucede mucho en ciudades de Estados Unidos, pero no porque haya más racismo allá, sino porque no me conocen. Cuando estoy en América Latina, donde soy conocido, entonces es diferente. Eso no quiere decir que haya menos racismo. La realidad para los negros en Latinoamérica es dura, en Colombia, Venezuela, Perú, Honduras… Los negros puertorriqueños (y latinoamericanos) nos confundimos, porque crecemos junto con los no-negros y nos confiamos en la creencia de que las cosas son iguales para todos. Pero somos tratados diferentemente.
Mis padres siempre celebraron nuestra historia. Mi Papá siempre me enseñó cosas. Él incluso abandonó el PIP (Partido Independentista Puertorriqueño) porque, según siempre dijo, los negros y nuestras luchas nunca fueron reconocidos.
Maelo (Ismael Rivera) y Tite Curet hicieron su parte educando y refiriéndose a estos asuntos. Hoy día, yo hago mi parte atacando al racismo de manera directa.
Me contenta ver que Don Omar se llama a sí mismo El negro y La Sister celebra su negritud. Hoy está de moda ser negro y ser de Loíza. Y eso es estupendo, me hace muy feliz. Incluso si ellos no me reconocen ningún crédito por comenzar este movimiento de orgullo, sé lo que he hecho por llegar a donde hemos llegado.
Los jóvenes negros latinos tienen que aprender su historia. También necesitamos crear nuestros propios medios, foros y universidades. Somos tratados como ciudadanos de segunda clase. Les dicen a los negros en América Latina que estamos mejor que los negros estadounidenses o africanos, pero es mentira. Porque aquí es peor.
Definitivamente, somos tratados como ciudadanos de segunda clase y no formamos parte del gobierno o de las instituciones. En Jamaica, por ejemplo, los blancos controlan un país negro.
Han logrado que estemos avergonzados de nuestra negritud. Es algo que también está en el lenguaje. Tomen, por ejemplo, la palabra denigrar – denigrate – que es ser menos que negro.
En Puerto Rico uno se acostumbra y termina por no darse cuenta todos los días. Tiene que venir un visitante a señalarte que todos los hermanos y hermanas de piel oscura trabajan en el área de servicios.
Es duro en Puerto Rico. En cierta ocasión, en el ascensor del edificio donde yo vivía, esta señora española me preguntó si yo vivía allí. Pobre señora – no sólo vivía un hermano negro en el penthouse, porque en el otro vive Tito Trinidad. Se ponía interesante cada vez que teníamos a nuestras tribus por ahí.
Los negros latinos no son respetados en América Latina y tendremos que conseguirlo defendiendo nuestros derechos, así como los afroamericanos lucharon en Estados Unidos.
Es difícil encontrar información sobre nuestro pueblo y su historia, pero así como los niños investigan sobre el más reciente juego de Nintendo o CD, tienen que interesarse en su historia. Estar hambrientos de ella.
Necesitamos educar a la gente cercana a nosotros. Yo lo hago con cada persona, cuando me siento ofendido por el lenguaje que utiliza. Algunas veces educas con ternura, como en el caso de mi esposa, que no es negra. Ella ha aprendida mucho, y se ofende cuando ve injusticias. Lo ha entendido. Nuestros hijos son una mezcla, pero ellos entienden que son negros y lo que eso significa. Mi esposa ha enseñado a sus padres, a sus hermanos, y ellos, a su vez, a los sobrinos y sobrinas. Así es como todo el mundo aprende.
Esto no se trata de rechazar la blancura; se trata de aprender a amar nuestra negritud – de amarnos a nosotros mismos. Tenemos que decir Basta ya, es suficiente, y encontrar la manera de amar nuestra negritud. Nos han inculcado – y nos enseñaron a odiarnos los unos a los otros – el odio a nosotros mismos, han creado divisiones, matices, rasgos.
Recuerden que durante la esclavitud, ellos tomaban a los negros claros para trabajar la casa, y dejaban a los negros oscuros para trabajar los campos. Persiste un enorme residuo de odio contra nosotros mismos.
Y cada uno de nosotros tiene que poner su grano de arena para hacer un movimiento donde obtengamos respeto, donde podamos celebrar nuestra negritud sin vergüenza alguna.
Será difícil, pero no imposible.
Como se lo dije a Sandra Guzmán.
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Claro que éste no podía pasar sin música.
Primero los dejo con el video de Métele sazón, uno de mis preferidos. Almas sensibles, ¡cuidao!, porque aparecen mujeres bailando reguetón.
Segundo y último, comparto con ustedes un clásico, el primer disco del Tego, íntegro. Se llama El Abayarde, y apareció en 2003.
De nada.
Tego Calderón. El Abayarde.
1. Intro.
2. Abayarde.
3. Al natural.
4. Poquito.
5. Pa' que retozen.
6. Interlude.
7. Loiza.
8. No me la explota.
9. Interlude.
10. Guasa, guasa.
11. Dominicana.
12. Cambumbo.
13. Salte del medio.
14. Tus ojos.
15. Los difuntos.
16. Lleva y trae.
17. Bonsai.
18. Gracias.
19. Planté bandera.













